Admirable construcción renacentista, elevada entre 1461 y 1466, esta Capilla surgió así rica y elaborada, para honrar al Cardenal, archiobispo de Lisbona, Iacopo de Lusitania, nieto del rey Alfonso de Portugal.
La bóveda, con el Espíritu Santo rodeado por las cuatro Virtudes cardenales, osea Justicia, Fortaleza, Templanza y Prudencia, es entre las obras maestras en terracota vidriada de Luca della Robbia. Sobre la pared a la derecha se abre, con efecto escenográfico, el sepulcro del cardenal, exquisito trabajo en mármol de Antonio Rossellino. Regresando hacia la ábsida, vamos a coger la escalera a la derecha del presbiterio para visitar la sacristía.