El luminoso interior de esta hermosa iglesia dominicana, está definido por una amplia tribuna al fondo, abierta por un grandioso ventanal decorado por una magnífica vidriera del final del 400.
Sobre la pared a la izquierda entrando, se destaca un fresco pintado por Masaccio alrededor de 1426, que representa la Trinidad adorada por la Virgen y por S.Juan y, fuera de la implantación arquitectónica, por dos comitentes.
La obra, de poco resanada, ha encontrado de esta manera otra vez su belleza cromática, calificándose aún más como obra maestra del primer Renacimiento, por la exacta extructura perspéctica, el vigor plástico y expresivo de las figuras y los llamamientos clásicos de la arquitectura. Debajo del sujeto efectivo de la pintura está pintado al fresco, como amonestación a vivir en el respeto de los Mandamientos de Dios, un esqueleto dominado por las significativas palabras "yo ya fui lo que vosotros sois, lo que yo soy todavía vosotros vais a ser".
Junto a este extraordinario fresco de Masaccio ha sido resanado el grande crucifijo sobre tabla de Giotto, de principios de 1300, resultado notable por el vigor de la figura desgarrada de Jesús y la espresión conmovedora del dolor de la Virgen y de S. Juan.
Vigorosa atestación de la madurez artística de Giotto, la obra se impone por su exquisita calidad del color.