Casi del todo preservada del desastroso incendio de 1771, ella guarda en sus paredes las obras maestras de pintura de Masolino y de su extraordinario alumno, Masaccio. Las pinturas narran la tentación de Adán y Eva, la expulsión del Paraíso y luego las historias del Apóstol S.Pedro.
Por comisión de Felice Brancacci, ambajador de la República de Florencia en instancia del Sultán de Egipto, las pinturas empezadas en 1425 después de la ida a Roma de Masolino y Masaccio y la muerte de este último, ahí sobrevenida en 1428, fueron finalizados por Filippo Lippi, alrededor de 1480.
Si Masolino se muestra como pintor todavía atado al gusto naturalista y fabuloso del Gótico avanzado, como en la escena que representa la Tentación, Masaccio cuando está libre de la cercanía con su maestro, que entre 1425 y 1427 se fue a Hungría, se muestra dueño de la visión perspéctica y de un renovado sentimiento realístico del hombre, como se puede ver bien en las escenas que representan la expulsión del Paraíso Terrestre y el Pago del Tributo para el Templo de Jerusalén.
Obras extraordinarias, en la que aparece visivamente lo trágico de la desobediencia a Dios – es el caso de la expulsión – o la muy alta dignidad de Cristo y de sus Apóstoles, perfectamente colocados en el espacio natural – es el caso del Pago del Tributo.
Es pues el Renacimiento que se manifesta así, en su plenitud y por primera vez en la pintura. Desde la plaza del Carmine, bajando hacia el Arno, se encuentra la mole de la iglesia de S.Frediano en Cestello.