La renovación y ampliación, queridas por el duque Cosimo, del palacio que en Florencia significaba el poder, llevó a la contrucción de un número considerable de cuartos destinandos a celebrar, a través de la decoración pictórica, las glorias de la dinastía por fin reinante.
La obra, conducida casi por entero por el Vasari y sus ayudantes, en el primer piso evidencia los salones de Leone X, de Clemente VII y de Lorenzo el Magnífico, y, en el segundo piso, la habitación de Leonor de Toledo, mujer de Cosimo, la Capilla, la Habitación de los Elementos y la del Meazzino.